DOS REVÓLVERES (I)

Publicado: 1 junio, 2013 en Relatos
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En la oscuridad parece que los sonidos viajan más rápido. Sé que no es así, eso es una soberana estupidez, pero la verdad es que lo parece. Tendrá algo que ver con que, al no poder utilizar la vista, se agudizan los sentidos restantes. Tampoco sé si creérmelo, no noto que mis manos sean más sensibles o que mi olfato esté más desarrollado. Es más, creo que tampoco puedo usar la nariz, tengo el olor a tierra tan presente que todo me huele a eso, a tierra.

Los sonidos viajan más rápido y eso no contribuye a que desaparezcan mis nervios. Me siento como la cuerda de una guitarra a punto de romperse, odio esta sensación. Oigo un susurro y pienso que alguien me ha seguido, que lo han visto todo, son imaginaciones mías pero no puedo evitar llevarme la mano al revólver que cuelga de mi cadera. Mataría por estar bebiendo el asqueroso brebaje de Jasón que él se empeña en llamar Whisky. Bilis de rata en descomposición, eso es lo que nos vende ese hijo de puta cojo.

¿Qué ha sido eso? ¿Han sido pasos? Bah, seguro que era el sonido de mi propia pala. Cavar, en eso me tengo que concentrar, faltan pocas horas para que salga el sol y aquí no podría meter ni a un niño esmirriado. Parece fácil pero, cuando te mandan cavar un hoyo tienes que concienciarte de que vas a pasar cuatro horas sin hacer otra cosa que no sea eso, cavar un hoyo. Puto maricón, debería habernos dado el dinero y largarse a cualquier otro pueblo. ¿Qué esperaba? ¿Que el Pelirrojo le diera un aviso y una palmadita en la espalda? Gilipollas, ahora me toca cavar mientras tú no dejas de mirarme con esos ojos como diciendo: te prometo que te pagaré el lunes. Imbécil.

El Rojo tiene nervio, eso lo sabe todo el mundo, no hay que tocarle los cojones más de la cuenta. Aquí estoy yo, siete putos años a su lado, ganándome su confianza y haciendo las tareas que no confiaría a nadie más. Cavar es una de ellas, por supuesto, no puedes decirle a cualquiera que se deshaga de un cadáver, ¿en qué mundo viviríamos?

Ya es lo bastante profundo, debería bastar hasta que se lo coma algún perro salvaje. Por gilipollas. Menuda noche de mierda, me duele la espalda de estar con la pala, ya no soy un chaval. Mañana es el día, mañana todo esto merecerá la pena, hay que ser optimista. Una cosa es cierta, a mí tampoco me tocan los cojones.

 

Continuará.

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