Posts etiquetados ‘emociones’

Estos últimos días estoy conociendo a una persona nueva. Creía que ya la conocía, pero no me había dado cuenta de que no sabía absolutamente nada de su forma de ser. Es extraño que hayamos estado tanto tiempo sin intimar, lo es más aún teniendo en cuenta que los últimos veinticinco años los hemos pasado juntos. Estoy conociendo una parte de mí que creía que no existía, que desearía que no existiera.

Esta semana estamos hablando mucho, a todas horas, me susurra y está muy pendiente de mí. Dicho así parece que sea un buen tipo, hasta dan ganas de tomarse unas cañas con él, pero la realidad es bien distinta, nos odiamos mutuamente y su único objetivo es hundirme en la miseria. Me gustaría poder decir que sé como ignorarlo, que le tengo tomada la medida y no se atreve a molestarme demasiado. El caso es que me hace dudar, me amarga con malos pensamientos y me obliga a replantearme cosas que daba por seguras. Sus palabras son veneno y mi mente no puede estar más emponzoñada.

He descubierto que tiene predilección por acudir a visitarme cuando estoy sereno y fuerte, parece que disfruta rompiendo mi paz y cavando un poco más mi fosa. Viene sin avisar y no necesita más de dos palabras para romper mi entereza, sabe dar donde duele, donde duele mucho. Hurga en la herida, con saña, riéndose y echando sal, después, cuando no puede causar más daño, se marcha silbando esperando a que me recomponga. Y sí, con apoyo y ayuda me recompongo, con la esperanza de que no tenga que volver a cruzarme con esa sádica parte de mí.

Y siempre vuelve, en cuanto destierro las dudas, vuelve buscando más sangre y la encuentra. Parece que ahora mismo está olfateando, que sabe que he regresado con ánimo y fuerza. Aprovecho y guardo celosamente estos breves momentos de paz, los guardo y espero a que él vuelva y me mande de vuelta a la oscuridad.

REFLEXIONES

Publicado: 4 julio, 2013 en Reflexiones
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Ideas esquivas que te visitan de noche o cuando estás en el baño, sin pararse a pensar si es un buen momento para ti. Ideas que, cuando más las necesitas, se esconden en los oscuros recovecos de tu mente y no se dignan a aparecer. Pensamientos duros con los escritos propios, autocrítica y autoflagelación sin premiar el esfuerzo ni la dedicación demostrados. No hay peor valoración que la que uno mismo hace sobre su obra, viendo tópicos y clichés por doquier, leyendo una prosa mediocre y constatando una abrumadora falta de vocabulario.

Enemigos para toda la vida. El folio en blanco, burlón y confiado en tu falta de voluntad, esperando siempre a que te rindas y des media vuelta. La pereza, fiel compañera que, como el amigo aguafiestas, lo único que busca es volver a casa y echarse a dormir. Depresiones y bajones emocionales, la excusa perfecta para dejarse llevar y dejar la escritura para un mañana que nunca llegará.

Amigos que vienen y van, menos constantes que los enemigos, pero infinitamente superiores. Comentarios de aliento que te animan a mejorar y que te hacen pensar que igual no eres tan lamentable como pensabas. Ese contador de visitas que actualizas cada cinco minutos y en el que cada nuevo visitante te ilusiona y te hace querer seguir escribiendo. La sensación de haber cumplido con tu deber cuando te vas a dormir habiendo escrito la tarea diaria, la paz que te embarga al cerrar los ojos convencido de que eres mejor que hace dos meses.

La escritura es cruel y no duda en pisotear tus sueños y escupir sobre sus restos, pero, si perseveras, te tiende la mano y te ayuda a levantarte, a quitarte el polvo y a volver a enfrentarte a ti mismo. Es, como todas las pasiones, capaz de sacar lo mejor y lo peor de uno. A mí me ayuda a conocerme y, página tras página, voy descubriendo cosas que no sabía que tenía dentro. Hoy es una noche en la que los enemigos del escritor son más fuertes de lo habitual, escribir esta reflexión es mi contraataque, mi intento por desterrar cualquier pensamiento negativo y todas las tentativas de rendición. Escribir esto es darme una palmada en la espalda y ayudarme a recuperar el equilibrio. Escribir, a fin de cuentas, es seguir viviendo.